Fuente: Medcape
Publicado por:  Marlene Busko

La muerte cardíaca súbita en pacientes jóvenes puede estar mucho más correlacionada con la obesidad que con el esfuerzo excesivo en los deportes, señala un nuevo estudio.[1]

Entre personas de 5 a 34 años de edad que tuvieron un paro cardíaco súbito extra hospitalario en Portland, Estados Unidos, 39% eran obesas, pero solo 14% estaban participando en actividades deportivas en el momento del paro cardíaco.

“A nuestro entender, este estudio es el primero en evaluar la relación de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales en el paro cardiaco súbito de una sola población numerosa de Estados Unidos en el curso de múltiples años”, concluyen en su artículo publicado en Circulation la Dra. Reshmy Jayaraman, del Cedars-Sinai Medical Center en Los Ángeles, Estados Unidos, y sus colaboradores.

Aproximadamente tres de cada cinco de estos individuos jóvenes ya tenían uno o más factores de riesgo cardiovascular característicos, como diabetes, hipertensión, obesidad, hiperlipidemia y tabaquismo, una tasa más alta que la prevista.

“Estos hallazgos indican que, si se abordan estos factores de riesgo cardiovascular muy bien documentados a una temprana edad, se podría incluso posiblemente prevenir el paro cardiaco súbito a una más corta edad”, dijo a Medscape el Dr. Sumeet S. Chugh, autor principal, también del Cedars-Sinai Medical Center.

El estudio también demostró que los paros cardiacos súbitos relacionados con deportes representan menos del 15% de todos estos episodios, y cuando hubo un paro cardiaco durante la práctica de algún deporte, los individuos tenían muchas más probabilidades de sobrevivir debido a que el episodio típicamente fue atestiguado, dijo el Dr. Chugh.

Por otra parte, no está claro por qué solo 40% de los niños en el campo deportivo recibieron reanimación cardiopulmonar por un testigo, dijo. “Debería ser 100%”.

“El hecho de que un tercio de los pacientes obesos que sufrieron paro cardiaco súbito tuviese enfermedad coronaria como la supuesta causa indica que aquí hay la oportunidad para intervención”, dijo a Medscape la Dra. Anne B. Curtis, de la University at Buffalo, en Búfalo, Estados Unidos.

“Necesitamos redoblar esfuerzos para combatir la epidemia de obesidad y para tratar las complicaciones relacionadas con la misma”.

Al igual que el Dr. Chugh, hizo notar que “la incidencia relativamente baja de reanimación cardiopulmonar por testigo en los paros cardiacos atestiguados indica que todavía se necesita también mucha educación y capacitación del público en este campo”.

Factores de riesgo, signos de advertencia y deportes como un factor desencadenante

Se sabe que las personas jóvenes con factores de riesgo cardiovascular, como obesidad e hipertensión, tienen más riesgo de morbilidad y mortalidad cuando son mayores, escriben los investigadores. Pero no estaba claro si los niños y los jóvenes que sufrían un paro cardiaco súbito podían tener estos factores de riesgo cardiovascular, si tenían signos de advertencia o si los deportes eran un factor desencadenante.

Para investigar esto, identificaron todos los casos de paro cardíaco súbito durante 2002 a 2015 en el área metropolitana de Portland con casi un millón de personas, utilizando datos del Oregon Sudden Unexpected Death Study. Excluyeron los decesos no cardíacos, como los originados por sobredosis de drogas.

De los 3.775 paros cardiacos, 186 (5%) ocurrieron en individuos que tenían de 5 a 34 años de edad. De estos paros cardiacos en personas de corta edad y jóvenes, 26 casos (14%) se relacionaron con los deportes como factor desencadenante.

El paro cardiaco súbito ocurrió durante la práctica de un deporte o en un lapso subsiguiente no mayor de una hora en 39% de los individuos de más corta edad (de hasta 18 años), pero esto ocurrió solo en 13% de los que tenían 19 a 24 años y en 7% en los jóvenes de 25 a 34 años.

Los deportes fluctuaron desde gimnasia, carrera, ciclismo, baloncesto y esquí (dos a cuatro paros cardiacos súbitos para cada uno) hasta béisbol, fútbol americano, montañismo, equitación, escalada de rocas y natación (un paro cardiaco cada uno).

La reanimación cardiopulmonar por testigo fue realizada en 42% de los casos relacionados con deportes y en 32% de los casos no relacionados con deportes (p = 0,37), pero los individuos que tuvieron un paro cardiaco súbito en un contexto deportivo, tuvieron más probabilidades de ser reanimados y sobrevivir hasta el alta hospitalaria (28% frente a 11%; p = 0,05).

“En esta población joven, hubo una prevalencia relativamente elevada de diabetes (9%), hipertensión (15%) y antecedente de tabaquismo (25%)”, señalan los investigadores; 22% tenían sobrepeso (índice de masa corporal, 25 a 29 kg/m2) y 40% eran obesos.

En general, la causa probable más frecuente fue síndrome de muerte súbita por arritmia (31%), enfermedad coronaria (22%) y miocardiopatía hipertrófica (14%).

Solo 29% de los individuos tenían síntomas previos, como angina de pecho, palpitaciones y mareos (33% de casos relacionados con el deporte frente a 28% en los casos no relacionados con el deporte; p = 0,61).

La proporción relativamente baja de individuos con signos de advertencia “es un hallazgo perturbador, sobre todo cuando se compara con sujetos de mediana edad, de los que al menos 50% presentan signos de advertencia antes del paro cardiaco”, señalan la Dra. Jayaraman y sus colaboradores.

“Tenemos mucho más por hacer” para tratar de identificar el riesgo de paro cardiaco súbito en una población más joven, dijo el Dr. Chugh.

Mientras tanto, “este estudio resalta la importancia de los esfuerzos preventivos que se extienden más allá de la evaluación deportiva antes de la participación y que se podrían aplicar en las consultas preventivas sistemáticas en niños y adultos jóvenes”, concluyen los investigadores.

“La detección sistemática y el control de los factores de riesgo cardiovascular habituales como tabaquismo, obesidad, hipertensión e hiperlipidemia podrían tener un impacto beneficioso importante sobre el paro cardiaco súbito en los jóvenes”.

El estudio fue financiado en parte por una beca otorgada por el National Institutes of Health, National Heart, Lung and Blood Institute al Dr. Chugh, quien también es presidente Pauline and Harold Price en Electrofisiología Cardiaca en Cedars-Sinai, Los Ángeles, Estados Unidos. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.